Por: CACT Lanzarote De: 16/09/2016 En: Sin categorizar

Aprovechando el asombroso parecido entre una cabeza de caballo y una bomba de extracción de crudo, La marea creciente de Jason deCaires Taylor evoca dos símbolos míticos del poderío humano. Tanto los caballos como las bombas poseen largos cuellos parecidos a péndulos que culminan en una cabeza ovoide. Esta correspondencia visual generó términos de argot tales como «burro cabecero», «caballo de petróleo» y «caballito petrolero», como a veces se conocen. Una correspondencia que se ve aumentada por una convergencia material entre «caballo de potencia» (mecánica) y «potencia de fuego» (crudo), que transmite la irónica verdad de que una estructura física que evolucionó para pastar tranquilamente en llanuras inmaculadas ha sido manipulada para la extracción ruidosa de aceite sucio sumergido. La concordancia se ve reforzada por el hecho de ser también vecinos. Las bombas de crudo se han infiltrado en las llanuras donde pastan los caballos. Taylor incrementa dichas correspondencias colocando los cuatro caballos que comprenden esta imponente escultura a tamaño natural de modo que permanecen arraigados en el lugar, asumiendo la postura de bombas de crudo. El único movimiento implícito es el paralelo de arriba abajo de músculos y pistones.

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En los 12.000 años transcurridos desde que la palabra «herramienta» se refería a un bastón usado para arrancar raíces, la humanidad ha incorporado una enorme cantidad de fuerza muscular para apoyar su capacidad intelectual. El caballo aportó fuerza sobrehumana, velocidad y resistencia para llevar a cabo el trabajo de los humanos. Mientras tanto, hasta mitad del siglo XIX, el impacto de la «potencia de fuego» de la humanidad estuvo limitado por las reservas disponibles de materiales inflamables que se recogían en la superficie del planeta. La gente quemaba combustibles renovables como madera, cañas, aceites vegetales y grasas animales. Todo esto cambió con la llegada de los combustibles fósiles, que se extraen del antiguo depósito subterráneo de combustibles fósiles del planeta. Aumentó la capacidad humana para aprovechar las fuerzas del planeta, junto con la capacidad para profanarlo. Taylor yuxtapone la espléndida fisiología del caballo de potencia y la torpe intrusión de la potencia de fuego de los combustibles fósiles para hacer un llamamiento a limitar la reivindicación humana del poder.

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La marea creciente amplía su significado yuxtaponiendo poderes humanos y fuerzas dominantes que los humanos no pueden dictar. Dos veces al día, las mareas del río bajan y revelan estas esculturas. Así, estas encarnaciones del poder humano se ven superadas por las crecidas rítmicas de las fluctuaciones normales de la marea, pero también por la amenaza del aumento anormal de los niveles del mar y las amenazas de inundaciones.

Las fuerzas sociales también juegan un papel importante. Las cuatro esculturas de jinetes con caballos de Shire están instaladas en el epicentro del poder ejercido por políticos, financieros e industriales. Su ubicación a orillas del Támesis se halla justo enfrente de la Tate Britain. Suntuosas residencias de multimillonarios pueblan las calles circundantes. La sede central de Shell Oil está muy próxima. Y sobre todo, las Casas del Parlamento están lo bastante cerca como para brindar a los funcionarios elegidos una visión completa de las consecuencias de hacer caso omiso del inminente cambio climático.

Dos de los caballos están montados por hombres vestidos formalmente cuyos ojos están cerrados, evocando la complacencia de los consumidores, la codicia de los industriales y la arrogancia de los políticos. Las consecuencias de sus pretensiones sugieren un pronóstico inquietante. Taylor afirma que la obra plantea dos preguntas: «¿Quién está al mando? y “¿Hacia dónde nos dirigimos?». Responde a estas preguntas con una sombría referencia a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, cada uno de los cuales presagia una forma de desastre. El título de la obra aplica esta conocida señal del Juicio Final a un escenario catastrófico contemporáneo. La marea creciente advierte de la crecida de los océanos, del aumento de las temperaturas globales, de las migraciones humanas masivas y de las desastrosas extinciones de especies.

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Aun así, los jinetes montados a los otros dos caballos sugieren que estos escenarios no están predeterminados. Dos jinetes jóvenes ofrecen esperanza. Sus posturas flexibles sugieren el despertar de la conciencia ecológica y la posibilidad de prestar atención a la fragilidad del planeta y a la alteración de sus ritmos evolutivos.

De todos estos modos, La marea creciente sirve de poderoso símbolo del precario futuro de la humanidad.

Sobre la autora

Linda Weintraub es comisaria de exposiciones, profesora, artista y autora de varios libros muy vendidos sobre arte contemporáneo. Se ha hecho famosa por hacer las últimas expresiones del arte de vanguardia accesibles al gran público. Según ella, la vanguardia actual está impulsada por la conciencia medioambiental, que no solo es la característica que define la producción, la arquitectura, la ciencia, la ética, la política y la filosofía modernas, sino también el arte contemporáneo.

“TO LIFE! Eco Art in Pursuit of a Sustainable Planet” estuvo precedido por la serie Avant-Guardians: Textlets in Art and Ecology (2007). Incluye EcoCentric Topics: Pioneering Themes for Eco-Art, Cycle-Logical Art: Recycling Matters for Eco-Art y EnvironMentalities: Twenty-two Approaches to Eco-Art. Weintraub fundó Artnow Publications con el fin de aplicar la responsabilidad medioambiental a la producción material de libros. Aplica la preocupación por el medioambiente a su vida personal dirigiendo una finca sostenible donde practica la permacultura.

Weintraub es también autora de In the Making: Creative Options for Contemporary Artists y Art on the Edge and Over: Searching for Art’s Meaning in Contemporary Society. Ha editado ANIMAL. ANIMA. ANIMUS junto a Marketta Sepalla, fue directora del Edith C. Blum Art Institute situado en el campus del Bard College, donde organizó cincuenta exposiciones y publicó más de veinte catálogos, y ocupó la cátedra Henry Luce de Artes Emergentes en el Oberlin College.