Jardín de Cactus Lanzarote

Entre las tuneras del pueblo de Guatiza, al norte de Lanzarote, hay un bello lugar lleno de espinas y senderos volcánicos diseñado por César Manrique, donde la naturaleza se funde en perfecta armonía con el arte: el Jardín de Cactus.

ENTRADA AL JARDÍN DE CACTUS

 

 

Al entrar al Jardín de Cactus, la belleza se apiña ante nuestros ojos en una imponente panorámica. Miles de cactus conforman un gran semicírculo, escalonado en diferentes niveles o terrazas concéntricas, como si de un anfiteatro salvaje se tratase.

Este Cactariumo plantación de cactus, inaugurado en 1991, fue el último diseño que César Manrique realizó para Lanzarote. Cuando el artista conejero ideó el proyecto, el terreno no era más que una roferaabandonada (una antigua cantera de extracción de arena volcánica). Pero el polifacético arquitecto soñó con un espacio de una magia y una simbología muy singular.

 

CÉSAR MANRIQUE, EL ARQUITECTO VISIONARIO

 

Manrique acondicionó la zona junto a su equipo (como se narra en el documental Las Manos), actuó sin destruir los recursos naturales, preservando los vestigios volcánicos, y encargó al botánico Estanislao González la selección de los especímenes, procedentes de las zonas más áridas de los cinco continentes. El resultado: 4.500 ejemplares de 450 especies distintas, todas ellas agrupadas en 13 familias de cactus que César repartió con exquisito gusto estético.

Desciendo por las escaleras de roca volcánica y me pierdo por uno de sus recovecos. Antes de entrar aquí, nadie diría que los cactus pueden adquirir formas, colores y texturas tan variopintas. Finos y alargados como un nido de serpientes, sinuosos como un gusano, unidos por un tronco como las ramas de un árbol, raros y solitarios como alienígenas o hasta inmensos y picudos como el «sillón de la suegra» (pregunta por él, ¡pero no te sientes encima!).

¿De dónde proviene toda esta diversidad?

EL JARDÍN DE CACTUS: ¿UN HOMENAJE A LA SUPERVIVENCIA?

 

Jardín de Cactus lanzarote

 

El ancestro del cactus se remonta a la antigua América del Sur del Paleozoico (hace unos 40 millones de años). El clima tropical de la zona se volvió árido y seco. Así que una serie de mutaciones genéticas azarosas, unidas a la selección natural, trazaron su destino evolutivo. Como estrategia de supervivencia, las cactáceas aprendieron a vivir sin hojas, a almacenar agua en su interior y a protegerse de los depredadores gracias a sus características espinas.

Bordeo el famoso estanque con peces anaranjados, siempre tan tranquilizante, hasta llegar a la tienda de artesanía para ojear los diferentes tipos de cactus que tienen a la venta. Entonces pienso en el cactus como un hermoso símbolo del campesino lanzaroteño, pues también nuestros antepasados sufrieron el clima seco y aprendieron a sobrevivir a la escasez de agua.

Manrique nutrió toda la ornamentación del Jardín con esta simbología cactácea: las farolas, las papeleras y hasta los pomos de las puertas adquieren aquí forma de cactus. Mención especial requieren siempre los creativos dibujos y murales de sus baños, que bien merecen una visita aparte, pero de eso ya hablamos en otro artículo

CACTUS Y GASTRONOMÍA

 

Cactus Burger at Lanzarote Cactus Garden

 

El duro sol del mediodía no podrá con la gruesa piel de los cactus, pero sí con mi caucásica piel blanca. Por eso corro a cobijarme bajo las refrescantes lonas del restaurante aledaño. Y pido mi singular almuerzo: una hamburguesa de cactus, elaborada en un 50% con tunera de Teguise y el otro 50% con papa, cebolla y millo. Por encima: queso ahumado y rúcula con salsa de yogur de cabra, todo envuelto en pan de tomate.

Este innovador plato busca fusionar la tradición y el producto local con la comidarápida. Aunque parezca una mezcla arriesgada, lo cierto es que su sabor sorprende, y su textura, más suave que la de la carne, resulta muy apetecible al paladar. Es un privilegio catar este saludable manjar cactáceo (por cierto, ¡el único sitio donde puede probarse!) rodeado de tantos cactus.

UN MOLINO DE VIENTO EN EL JARDÍN DE CACTUS

 

Lanzarote Cactus Garden mill

 

Finalizo mi recorrido en el tradicional molino de viento, uno de los pocos supervivientes de la isla, que resiste en pie desde comienzos del siglo XIX. Aquí se aprovechaba la fuerza del viento para moler el millo, y obtener así el famoso gofio canario (si tienes curiosidad, aún puede contemplarse su mecanismo y estructura interna).

Desde esta perspectiva, los monolitos volcánicos que sobresalen del Jardín se parecen a los cactus más alargados. Y, a su vez, estos se confunden con las tuneras del exterior. ¿Casualidad? Nada en la obra de Manrique es casual. Siempre quiso desdibujar el límite que separa elarte de la naturaleza. Y quizás por eso el Jardín de Cactus recibió el prestigioso premio Carlo Scarpaen 2017.

Me quedo contemplando la armonía de los colores de este espacio. El azul del cielo contrasta en perfecta simbiosis con el verdor intenso de los cactus y el negro de la roca volcánica. César Manrique no solo organizó cuidadosamente los cactus de este jardín, sino también la casual felicidad que transmiten.