Por: CACT Lanzarote De: 08/06/2016 En: Lanzarote

Cuando empezó a ahoyar en La Geria, siendo un joven, alguno le preguntaba al finalizar la tarea por dónde había salido del hoyo, porque Francisco era tan meticuloso y presto que no dejaba rastro tras de sí en la negra arena.

Ya venía aleccionado de cientos de ahoyadas en barrancos para plantar tomates, un duro trabajo que, como todos los relacionados con el campo, los aprendió de su padre. Con él empezó a tratar con los animales, ya con seis años: “Empecé con las cabritas, y  con nueve años ya estaba en las labores del campo”, nos explica Francisco de León de León, un campesino de pro, de Mozaga, de los que quedan pocos, aunque él dice que “no es el león como lo pintan”.

Lo cierto es que Francisco, que nació en San Bartolomé el 24 de enero de 1930, tiene el semblante de nobleza que muchos hombres y mujeres del campo lanzaroteño han logrado dibujar con años de esfuerzos y recompensas bajo el viento lanzaroteño.

Él, que ahoyaba siempre descalzo, puede presumir de ser considerado como uno de los mejores excavadores que han pisado La Geria. De hecho hoy, cuando las cosas se ralentizan, algún amigo cuenta con él para que ejecute en su finca uno de esos trabajos de hoyo y pared que sólo los trabajadores más finos saben hacer: “Toda piedra vale para hacer pared”, nos explica el maestro mientras nos enseña la última finca de parras que ha ejecutado con sus manos.

“Es algo que me gustaba; me gustaba estar en la tierra y ahoyar”, comenta, alargando esta última “a” final de la palabra como con anhelo, con la satisfacción del recuerdo de los muchos momentos gratos que pasó siendo muy bueno en lo que hacía.

Francisco Ahoyador La Geria

Si le preguntamos por La Geria actual, no nos hace una buena crítica, porque no está como antes, “cuando toda la arena estaba levantada, y todas las parras arriba”. Pero lo que no ha cambiado es el sacrificio del agricultor, es trabajo “muy sacrificado”, dice. Y si le preguntamos por los nuevos agricultores, les anima al trabajo y a que aprenden de los mayores: “pero no saben coger la pala como la cogíamos nosotros; y a eso hay que ponerle interés”, sugiere.

Para todo había una experiencia en el campo, y “Pancho” lo sabe; por eso surcaban la tierra de naciente a poniente, “para que el jable fuera cayendo en el surquito, que era jable nuevo que cogía y era bueno para el campo”.

El arte de ahoyar la tierra

Pero de todo lo aprendido, lo mejor: ahoyar en la tierra. “Lo que más me gustaba del campo era excavar en La Geria.  No es que lo hiciera mejor, pero nos ajuntábamos unos 30 y aguardaban a que llegara yo, y entonces empezábamos. Ellos me marcaban la tierra y yo empezaba a ahoyar, y ellos conmigo. Desde pequeños me ha gustado hacer las cosas bien, y   por eso   esperaban a ver cómo lo hacía yo”, nos confiesa.

Ya venía aleccionado de cientos de ahoyadas en barrancos para plantar tomates, un duro trabajo que, como todos los relacionados con el campo, los aprendió de su padre. Con él empezó a tratar con los animales, ya con seis años: “Empecé con las cabritas, y  con nueve años ya estaba en las labores del campo”, nos explica Francisco de León de León, un campesino de pro, de Mozaga, de los que quedan pocos, aunque él dice que “no es el león como lo pintan”.

Lo cierto es que Francisco, que nació en San Bartolomé el 24 de enero de 1930, tiene el semblante de nobleza que muchos hombres y mujeres del campo lanzaroteño han logrado dibujar con años de esfuerzos y recompensas bajo el viento lanzaroteño.

Francisco Hoyador La Geria

Recuerda con claridad cuando murió su padre, en 1982, dejando atrás muchos recuerdos y enseñanzas. Y nos cuenta muchas cosas vividas, pero sin añoranza, y con la vista puesta en lo que hará mañana. Un mañana donde también está su nieta -o una de ellas- que se acerca a saludarlo mientras hacemos esa última foto de su abuelo para este reportaje, en un Monumento que se erigió para reconocer a campesinos como él; el buen ahoyador descalzo.

Francisco el ahoyador en el Monumento al Campesino