Mirador Del Río Juan Y Marcial

El Mirador del Río y la pared mágica

Lanzarote es una Isla para admirar, mirar, disfrutar…No lejos de la bonita costa norteña de Arrieta, cuando te apartas ligeramente de aquel mar turquesa a través de la carretera LZ-201, nos dirigimos serpenteando por paisajes rurales hacia el Mirador del Río, una inteligente obra de César Manrique que cuida y gestiona los Centros de Arte, Cultura y Turismo del Cabildo de Lanzarote.

Atravesamos antes algunas de las estampas más características de la Isla de Lanzarote, donde la piedra volcánica y la paciente mano del campesino se mezclan con este entorno presidido por el imponente Volcán de la Corona. El trayecto, durante el que nos topamos con el pequeño pueblo de Ye, nos regala cuidadas fincas agrícolas que jalonan la vía hasta desembocar en la entrada al Mirador del Río, mucho más que un mirador hacia el Parque Natural del Archipiélago Chinijo.

Estamos a unos 470 metros sobre el nivel del mar, en el borde del macizo de Famara; así que llegaremos acompañados –habitualmente- por los alisios, ese viento templado que suele suavizar las temperaturas en esta isla afortunada.

El Mirador del Río está totalmente mimetizado con la piedra, con el musgo, con el paso del tiempo y, por tanto, con el entorno. La sensación es la propia que solemos tener cuando entramos a una cueva; esa incógnita ante lo que vamos a descubrir en los próximos metros.

Mirador Del Río Lanzarote

Esta pregunta es respondida en el Mirador del Río con un estallido de color, luminosidad y paisaje, propia de quien diseña (César Manrique) el edificio para sorprender al visitante con un descubrimiento. Allí nos topamos de golpe con el horizonte atlántico, salpicado en el norte por los islotes lanzaroteños, donde subrayamos a su protagonista principal, la isla de La Graciosa, la llamada Octava Isla del Archipiélago canario.

Es una invitación a disfrutar de una vista y de un emplazamiento único. Y eso es lo que hacen allí a diario un millar de turistas, ávidos por perderse en una isla de encanto y encontrar sus mejores espacios. Este es uno de ellos. Uno de los más camuflados.

Café y charla en el Mirador Del Río.

Una visión como esta del Archipiélago Chinijo bien vale una parada. Así que el buen turista aprovecha para pulular por las entrañas del Mirador para descubrir las distintas terrazas desde las que poder hacer de vigías (encontramos lugares donde tenemos una vista panorámica, de 360 grados de toda la isla y la costa).

Las parejas y los grupos de visitantes echan mano de las cámaras y los teléfonos móviles para captar las mejores imágenes desde aquella atalaya. Así que un selfie por aquí, una imagen de grupo por allí, una toma en solitario para mostrar mi imagen más carismática… En fin, nos entretenemos con algo tan “simple” como el paisaje.

En este juego visual, cada uno tiene distinta sensibilidad y el tiempo nos regala distintas estampas, casi siempre reveladoras.

Mirador Del Río al atardecer

La parada es bien aprovechada por aquellos que “frenan y aparcan”; cogen su libro favorito y pasan un rato leyendo mientras pareces permanecer colgado del Risco de Famara. Otros eligen el café y la conversación distendida con los amigos como forma para pasar la estancia.

Juan Rodríguez y Marcial Niz

Los minutos pasan más pausados allí, y quizá por ello muchos de ellos repiten… No lo decimos nosotros. Nos lo comentan Juan Rodríguez Delgado y Marcial Niz Pérez, dos de los profesionales de este centro turístico, que ocupan un lugar tras la barra de la cafetería. Ellos pueden contar decenas de anécdotas de este enclave; no en vano llevan más de 40 años trabajando en el Mirador del Río.

Ambos tienen el talante afable de quienes hacen lo que les gusta. Y el caminar propio de quien no tiene tiempo para otra cosa que para atender a los clientes.

Si tienes suerte, hay algunos secretos del Mirador del Río que ellos te pueden desvelar si entras en conversación. Si no, siempre puedes pedirle a Marcial que te sirva un café con leche, una elaboración que resultaría de alta calificación para cualquier cafetero.

Juan y Marcial te pueden aportar detalles del lugar ya que lo conocen de cabo a rabo; de sus constructores (César Manrique y aquellos hombres con nombre propio que diseñaron el centro y picaron la piedra). Ellos te pueden hablar también del Archipiélago Chinijo, de los visitantes ilustres que han pasado por allí en cuatro décadas, o de las curiosidades que les sucede a los parapentistas imprudentes en aquel acantilado, entre otras cosas.

Pero hay un secreto que tienes que disfrutar por ti mismo; y probar a descubrirlo. Y es que sólo en el Mirador del Río podrás estar tan cerca de una montaña que cambia de color, un Risco de Famara que muta y a veces se tiñe de naranja cuando el sol despierta o se esconde.

Así que allí estamos, con nuestro libro favorito, con buena compañía, con un buen café… Flanqueado por la inmensa pared naranja del acantilado que nos acoge y alegra.