historia de un incidente en el MIAC Lanzarote

No siempre el Castillo de San José fue el Museo Internacional de Arte Contemporáneo de Lanzarote. No. De hecho, esos orígenes hay que buscarlos hace casi cuatro décadas, en una época en que en Canarias no existía aún un museo de estas características, en un tiempo en que César Manrique decidió que Lanzarote sería la primera isla de Canarias en poseerlo. Para ello, para lograrlo y hacerlo a lo grande, Manrique puso en marcha el que sería el Primer Certamen Internacional de Artes Plásticas de Lanzarote, un certamen que, a pesar de no estar exento de polémica, fue clave en la concepción del MIAC tal y como lo conocemos hoy. Ha pasado mucho desde entonces y mis recuerdos son borrosos, pero yo estuve allí. Detrás de la barra del bar del castillo. Me gusta pensar que entonces mi mirada era inocente pero muy aguda, con la nitidez que da la juventud, y recogió cada uno de los detalles de lo ocurrido. También me gusta pensar que llegué a conocer a César, un hombre con las ideas claras y para el que los medios para obtener un fin superior no siempre eran importantes. Lo fundamental era el logro, era la isla. “Por Lanzarote, yo vendo el alma al diablo” llegó a decir en aquella ocasión. Lo otro, tan sólo eran detalles que la historia, como ha hecho, olvidaría.

 

LA HISTORIA DEL MIAC LANZAROTE

Pero comencemos por el principio. Nos encontramos en el año 1976. El Cabildo había comprado años atrás al Ejército Español, a iniciativa del propio César Manrique, el Castillo de San José para dedicarlo a actividades culturales. Manrique tuvo claro desde el primer momento que era allí dónde debía ubicarse el gran museo de arte contemporáneo que él soñaba para Lanzarote. Su idea pasaba por celebrar allí un certamen de carácter periódico para dotar de fondos dicho museo, y que se iniciaría ese mismo año. La inversión insular se había destinado a la compra del Castillo, así que el artista puso todo su empeño personal en buscar otras ayudas para poder celebrar el certamen, galeristas, artistas, amigos … e incluso el de la Delegación Nacional de Cultura, con su representante, Carmen Llorca a la cabeza, una mujer con una gran cultura y abierta a nuevos proyectos enriquecedores. Nunca ocultó ningún detalle porque para César lo más importante era poner en marcha algo único, liberador, novedoso y lleno de esperanza para el mundo del arte. Un lugar sin cortapisas donde el arte contemporáneo tuviera su templo. Puso toda su energía en conseguirlo y la isla, unida al artista y a su indomable espíritu, se unió a su trabajo incansable por lograr ese objetivo.

Recuerdo aquellos días desde la distancia de una manera vertiginosa, todos trabajamos mucho para conseguir que aquel primer certamen fuera un gran éxito. Viendo todo lo logrado desde entonces, contemplando todo lo que ha sido y es para la isla el Museo de Arte Contemporáeno, creo, sinceramente, que lo fue, pero aquellos días extraños le reservaban más de un disgusto a César Manrique.

Para mí, un simple camarero pero eterno aprendiz y certero amante de toda disciplina artística (no niego que César me enseñó a disfrutar del arte como nunca habría podido imaginar antes de conocerlo), aquellos días fueron inolvidables. Serví cafés, copas, vinos y aperitivos a las más insignes figuras del momento. A todos aquellos que estaban llamados a cambiar los conceptos del arte tradicional. A transformarlos. Numerosos artistas plásticos se pasearon por el museo y por la isla, llenándonos a todos de grandes esperanzas. Todo iba según lo previsto hasta que ocurrió algo que sorprendió a todo el personal y al propio César, que ni siquiera llegó a ver ni a entender el problema real.

HISTORIA DE UN INCIDENTE EN EL MIAC

Poco antes de la inauguración, el crítico de arte del diario El País, Santiago Amón, aprovechó una rueda de prensa convocada por el propio César Manrique para leer desde el público un comunicado como portavoz de un grupo de los artistas participantes, disconformes con el hecho de lo que consideraban una irregularidad en el planteamiento del certamen, al descubrir la intervención en el mismo de la Delegación Nacional de Cultura de la Secretaría General del Movimiento. Se mostraban escandalizados al no estar enterados de tal cosa y, algunos, incluso, llegaron a retirar sus obras del certamen. El ambiente, hasta entonces prácticamente festivo, se tornó grisáceo. El propio César no comprendía qué estaba pasando. “Nunca se trató de ocultar la vinculación con el Certamen de la Delegación Nacional de Cultura”, llegó a escribir en El País, en una serie de cartas con el propio Santiago Amón que fueron publicadas por el diario en torno a aquel incidente. “No puedo comprender las razones por las cuales se pretende torpedear una empresa que, además de proyectar la cultura en un pueblo español como es el de Lanzarote, revierte, también, en el prestigio de España y todos sus pueblos”. 

La polémica alimentó los periódicos de la época hasta que, como todo, se olvidó y arañó el alma de  César Manrique hasta que otras nuevas creaciones llenaron su espíritu. Y el MIAC, el MIAC Castillo de San José fue todo aquello que soñó César y mucho más y comenzó una andadura que le ha llevado hasta nuestros días, aunque no todo el mundo conozca esta historia. Mucho ha llovido desde que yo les servía cafés a todos los artistas relevantes de nuestro país, a los que cambiaron el concepto del arte… mucho. Y César, no perdió su alma, pero, de haber sido necesario, se la habría cedido al diablo por Lanzarote. De eso no me cabe duda alguna.

 I ENCUENTRO: “HISTORIA DE UN INCIDENTE”

Con motivo de la exposición “Historia de un incidente” tendrá lugar el próximo 27 de junio a las 20.00 horas Sala de Exposiciones Temporales primer encuentro para debatir qué papel debe jugar actualmente el museo de arte contemporáneo en un contexto social. En la exposición, diseñada como un espacio de debate, contaremos con la presencia de Alby Álamo, Moneiba Lemes y Raisa Maudit quienes abordarán las aspiraciones generacionales sobre esta institución. Nacidos en Canarias y con trayectorias de entrada y salida, los tres invitados compaginan su trabajo como artistas con el comisariado, disolviendo muchas veces esa frontera.

Este encuentro abordará una serie de cuestiones en torno al museo, su relación con la sociedad, los artistas y los comisarios, así como de qué forma el museo debería gestionar la conservación de un patrimonio con una programación que atienda a su presente.

La exposición “Historia de un Incidente”, con toda la documentación gráfica y  la participación de algunos de los protagonistas de ese momento, estará presente en el MIAC hasta el próximo 15  de septiembre de 2017.

DESCARGAR FOLLETO