Rufina Santana EL Almacén Lanzarote
Por: Mar Arias De: 01/08/2018 En: Bar El Almacén

La pintora recuerda cómo era aquel Almacén de los años 80, las fiestas y el ambiente cultural de la cafetería y espera que con este nuevo impulso se recupere aquel espíritu mágico

Cuando Rufina Santana llegó a Lanzarote en el año 1979 procedente de Las Palmas de Gran Canaria apenas estaba comenzando a despuntar como la gran artista que llegaría a ser. El Almacén, en cambio, ya estaba en pleno apogeo como centro cultural de la isla y se convirtió nada más llegar en su lugar de referencia. “Yo ya conocía la figura de César Manrique, y a él y a Pepe Damaso, desde los quince años porque ellos se reunían siempre en el Parque de Santa Catalina de Las Palmas, y yo ya estaba siempre por allí pululando, en torno a ellos, cerca del arte”, explica, recordando que en el 2019 celebrará el cuarenta aniversario de su primera exposición individual. “De alguna manera, creo que mi vida profesional ha ido rodando de manera paralela a la de El Almacén”.

Al recordar aquellos primeros años, Rufina tiene clara su primera referencia, inevitable, por otra parte. “Recuerdo esa gran foto de Pablo Picasso fumando que siempre ha dado carácter al lugar y que a mí me ponía muy contenta por la referencia cultural que suponía”, cuenta. “Pero también recuerdo el pequeño espacio comercial que había: la floristería, la tienda de muebles y, sobre todo, la librería… siempre me han encantado los libros y venía siempre aquí a comprarlos”.

Pero además, El Almacén era su lugar de referencia. “Aquí me hice yo mi primera tribu, por así llamarla, y veníamos a tomar algo siempre Ramón Pérez Niz, Manolo Perdomo, Mario Delgado… éramos fieles al lugar, sobre todo ya en los años ochenta. No había un lugar mejor”, asegura.

Primera exposición en el Almacén

Bar El Almacén, Lanzarote

Rufina Santana recuerda su primera exposición en El Almacén con mucho cariño. “Creo que fue en 1984, tal vez 1985, y yo ya venía de trabajar en la Galería que hoy se llama Manolo Ojeda, en Las Palmas, y allí pude conocer a César en un entorno diferente”, señala. “Recuerdo estar colgando los cuadros y César entró y dijo: “¿De quién es esta exposición? ¿Quién es este chico?” Yo entonces era muy jovencita y vestía como un chico y le dije: “No, no, soy una chica y vivo en Lanzarote”. Estuvimos hablando mucho y, la verdad, es que a partir de ahí ya no despegué del lugar hasta que cerró”.

La pintora recuerda tres exposiciones. Una sobre fauna y paisajes en los años ochenta; otra de paisajes místicos con mucha influencia de los británicos del siglo XIX y luego, ya en la nueva etapa de El Almacén, una muestra que se llamó Mercurio. “El Almacén es un lugar ideal para exponer porque tiene unas dimensiones maravillosas, es el espacio exacto para la comunidad artística lanzaroteña. No es un museo, no es un espacio institucional, aunque lo sea, pero en su concepto era un espacio de tribu, de comunidad, un lugar con una dimensión humana que yo quisiera que nunca perdiera”, asegura.

Frente a frente con John Malkovich

También recuerda rostros muy conocidos. “Durante muchos años Carmensa traía con asiduidad mucha gente conocida, pintores, escultores, actores, fotógrafos, artistas de todo tipo y pelaje y te los encontrabas aquí tomando algo con toda normalidad. De todos ellos, tal vez el que más me impresionó encontrar de frente fue a John Malkovich que, además, vino a la isla en su momento más álgido, cuando estaba en todas las películas”, cuenta. “Era muy joven y  me daba mucha vergüenza hablar con ellos… si me llega a pillar ahora…”, bromea. “Me acuerdo de las fiestas, de la ropa, de los míticos bailes de carnaval… este lugar era único, maravilloso”.

Energía viva

 

Rufina Santana EL Almacén Lanzarote

 

Santana tiene muy claro que esta nueva época de El Almacén y su cafetería, de la mano del consejero de los Centros Turísticos, Echedey Eugenio, un político con las ideas claras y del consejero de Cultura, Óscar Pérez, un hombre cercano al arte y a la cultura, era más que necesaria, lógica. “El tiempo pone las cosas en su sitio y El Almacén no podía ser un lugar meramente administrativo… no se puede encorsetar la cultura, no se puede intentar apresar porque se pierde, se va”, asegura. “El Almacén fue creado con una energía tremenda y muy positiva por personas muy especiales y, aunque ya no estén aquí ni Manrique, ni Damaso, ni Yayo Fontes…, esa fuerza perdura. Eran personas con una visión muy avanzada de las cosas que irrumpían en una comunidad que tenía muchas ganas de expresarse en la libertad y en la universalidad… todo eso, no se podía tapar. Es verdad que El Almacén necesitaba a la administración y que ha sido ella la que lo ha traído hasta aquí en buen estado, pero ya es hora de que las cosas vuelvan a su lugar”, afirma. “Se están haciendo las cosas bien. Lo que tenía que ser ha acabado saliendo para fuera. La energía cultural estaba aquí y aquí sigue. Ella misma ha buscado la manera de volver a salir”, asegura entre risas, pero convencida de que la magia de El Almacén, no puede, ni debe perderse nunca.

Bar El Almacén

Arte, cine, música, Gastronomía