Paseo por Jameos del Agua Lanzarote

Jameos del Agua, surge hace unos 3000 años entró en erupción el Volcán de la Corona, situado al norte de Lanzarote. De este volcán brotó un potente río de lava que, empujado por la fuerza de la gravedad y la orografía, corrió ladera abajo hasta fundirse con el mar, dejando a su paso un tubo volcánico de 6 km de longitud, uno de los más largos del mundo. En su tramo final, junto a la costa este, se encuentran los Jameos del Agua, un antiguo vertedero que el artista César Manrique, junto a su mano derecha Jesús Soto, convirtió en un paraíso mundial en la década de 1970. Estoy en la entrada, a punto de visitarlo. ¿Me sigues?

1. Descendiendo al tubo volcánico por el jameo chico.

Una vez atravesada la taquilla y mientras deslizo mis dedos por el pasamanos de madera, una escalera rocosa me adentra en el Jameo Chico. Un jameo es un agujero que se produce al desplomarse el techo de un tubo volcánico. Al descender por este hueco o jameo, los cinco sentidos se abren como esponjas ante la belleza del espacio. Aunque ya estuve aquí decenas de veces, quiero apreciar una vez más el juego de la luz y los colores, acariciar la negrura de las rocas, escuchar las suaves notas musicales sobre el silencio sepulcral, oler el perfume de las plantas y degustar un café junto al Lago. Es difícil elegir. Mejor vayamos por partes.

2. un restaurante con vistas al lago.

La primera estancia la protagoniza un restaurante bar/cafetería cuya estética se confunde con la del túnel volcánico. César Manrique diseñaba espacios en los que naturaleza y arte convivían de forma armónica. Aquí, por ejemplo, podemos estar en una mesa rodeados de paredes volcánicas, bajo unas curiosas plantas enjauladas, junto a un lago natural. Antes de acercarme a ver el lago prefiero contemplar todos los detalles desde las mesas del restaurante. Son las 17:20. Afuera hace calor. Aquí la temperatura es de un frescor agradable. Pido un café con hielos, aunque el lugar es perfecto para almorzar unos pulpitos a la plancha, unas papas arrugadas con mojo o cualquier otra delicia local de la carta. Al caer la noche, la atmósfera del lugar se transforma y podemos degustar un menú especial y hasta ver uno de los conciertos de música canaria en vivo que cada semana ofrece Jameos Noche.

Jameos noche concierto cena Jameos del Agua Lanzarote

3. La gruta desconocida.

shhh, ¿te cuento un secreto? Dentro de los Jameos del Agua hay una pequeña cueva que pocas personas conocen. La encontrarás en la dirección contraria al Lago. Al cruzar los baños del restaurante (y ya contamos por qué los baños de César Manrique son obras de arte que deberías visitar), un mirador nos permite ver un charco natural iluminado de verde. Esta curiosa gruta volcánica continúa bajo el mar por el Túnel de la Atlántida. Verás cómo apetece contemplarlo unos minutos.

Jameos del Agua, Lanzarote túnel del Atlántida

4. Un lago con cangrejos albinos.

El verdor de la vegetación contrasta con los segmentos de la pared volcánica pintada de blanco y los escalones de roca negra que nos guían hasta el Lago. Se trata de un gran charco natural de agua cristalina, apenas intervenido, que descansa al nivel del mar, sobre un fondo rocoso. En él habitan los cangrejos albinos, unos crustáceos endémicos de los Jameos del Agua, ciegos, de color blanquecino y de tan solo 1 cm de tamaño. Esta especie vivía en una zona abisal a 4000 metros de profundidad, donde no llegaban los rayos del sol, y este jameo es ahora su refugio gracias a la oscuridad y tranquilidad del túnel. Muchos cangrejos han desaparecido envenenados por el óxido que desprenden las monedas que lanzaban los visitantes, una práctica terminantemente prohibida para preservar la vida de esta especie en peligro de extinción.

Arriba, en la parte superior de la bóveda, un hueco permite que los rayos iluminen el Lago en los días más luminosos, creando un efecto espejo en el interior del jameo (el mediodía, cuando el sol está bien arriba, es la mejor hora para contemplarlo). Podemos mirar este espectáculo mágico de la naturaleza sentados en un sofá de roca volcánica, o bien pasear por la pasarela que nos lleva hasta el salón de baile.Este suelo de mármol negro, que Manrique pensó como “la mejor sala de fiestas del mundo”, es escenario de eventos tan singulares como el concierto de timple de Jameos Noche o las sesiones de verano del Jameos Music Festival.

Jameos Music Festival Lanzarote

5. Una piscina casi natural en el jameo grande.

Si ascendemos por la pared ajardinada (en cuya cafetería podemos tomar un té, refresco o snack mientras sentimos la paz de las vistas), nos encontraremos con unos baños. Merece la pena subir al techo para apreciar el ingenio arquitectónico de Manrique, el cual colocó claraboyas rodeadas de piedras para unir ambos espacios.

Al atravesar los baños me topo con un misterioso bar, que no está en funcionamiento pero se puede visitar. Bajo los escalones hasta adentrarme en el universo manriquiano de los detalles. César  Manrique  usaba objetos reciclados locales para hacer lámparas colgantes y otros elementos decorativos, como los callaos (o rocas redondeadas por la erosión del mar) que emplea como taburetes para la barra.

Salimos entonces al Jameo Grande, una abertura mucho mayor que la primera, en la que destaca una piscina gigante de aguas azuladas sobre fondo blanco. El acento tropical lo pone el conjunto de palmeras, cactus, crotos e higueras que la bordean. La genialidad de César Manrique queda patente en las rocas que situó en el fondo de la piscina, convirtiendo así un espacio artificial en un pequeño trozo de océano.

Los Jameos del Agua están llenos de recovecos donde podemos sentarnos a disfrutar de una atmósfera relajante. Uno de mis favoritos es el banco ubicado bajo la higuera, perfecto para leer un libro o incluso meditar unos minutos.

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6.  Auditorio de Jameos del Agua, único en el mundo.

Al otro lado de la piscina se encuentra el auditorio, un impactante escenario montado en el interior del tubo volcánico, con butacas y cojines dispuestos de forma escalonada para disfrutar de las obras de teatro, conciertos o espectáculos de danza contemporánea que a menudo se celebran. La acústica natural junto a una iluminación suave son los ingredientes que más llaman la atención. Una forma fácil de experimentarlo (y gratis, con la entrada) es viendo el documental Las Manos (consultar fecha proyecciones).

7. Vista de pájaro desde la terraza superior.

Una vez recorridos todos los rincones que rodean la piscina, subo por la original escalera que nos lleva a la terraza superior. Aquí podemos contemplar el Jameo Grande desde arriba, donde el agua de la piscina se confunde ante nuestros ojos con el agua del mar.

Me saco una foto y paseo por la cafetería ajardinada, donde los visitantes charlan y toman algo fresco junto a una bella fuente.

8. Aprendiendo en la casa de los volcanes.

Siguiendo por la terraza, accedo al espacio museístico de la Casa de los Volcanes, un centro que desde 1987 ofrece a los visitantes información didáctica sobre vulcanología. Aquí conoceremos los diferentes tramos que componen el tubo volcánico, cómo las erupciones han ido construyendo las Islas Canarias a través de la historia o los distintos tipos de basaltos que desprende un volcán.

A los niños y niñas les encanta esta zona. Puedes verlos correteando de aquí para allá, apretando los botones que activan gráficos y simulaciones, o reflejándose en los distintos juegos de espejos repartidos por la sala. A mí me gusta asomarme a los balcones ajardinados porque nos ofrecen una nueva perspectiva del Jameo Grande.

Avanzo por la Casa de los Volcanes y nos encontramos con la exposición de Jesús Soto uno de los grandes creadores de los Centros de Arte, Cultura y Turimo de Lanzarote, que acompañó a César Manrique en mucho de los proyectos.

Jesús Soto Exposición permanente en Jameos del Agua

9. De regreso al mundo exterior.

Salgo de la Casa de los Volcanes por unas escaleras que imitan la estética arquitectónica de las casas lanzaroteñas, con su color blanco y sus sencillas ventanas de madera. Cruzo la tienda de souvenirs, donde los turistas compran algún recuerdo para sus familiares o tal vez para recordar esta experiencia que acaban de vivir.

Entrar a los Jameos del Agua es entrar a un túnel volcánico que nos transporta al pasado, pero también al presente. Un presente donde el arte y la naturaleza comparten escenario, donde la paz y la armonía nos envuelven. Y, aunque tengo la ropa seca, salgo con la sensación de que mi espíritu pudo darse un buen chapuzón en el Lago, junto a los cangrejos albinos que custodian esta joya volcánica de Lanzarote.

ÁNGARO

Un espectáculo sobre las tradiciones vivas de Canarias