Por: Mar Arias De: 23/08/2018 En: Bar El Almacén

El escritor Pepe Betancort recuerda la etapa más festiva, transgresora y divertida del centro de la mano de un Manrique que lo impregnó de su manera de entender la vida

Los recuerdos del escritor lanzaroteño Pepe Betancort en torno a El Almacén tienen un marcado carácter ochentero y festivo, ya que fue la manera de vivir y disfrutar la vida de César Manrique, lo que más impactó al creativo. “Apenas tengo recuerdos de cuando se abrió, si acaso de alguna exposición a la que fui con el colegio, pero poco más porque cuando yo me reencuentro con El Almacén es ya en el año 1984, cuando César vuelve de hacer La Vaguada en Madrid y lo reabre de nuevo tras una considerable reforma”, explica. “Para mí esta fue la época dorada, en primer lugar porque todo lo que César Manrique ha hecho desde 1974 ya ha dado sus frutos, han pasado por El Almacén muchísimos artistas de renombre, y se ha generado una generación de artistas, Gopar, Matallana y Talló, entre otros, y una ‘movida’ cultural propia en la isla”.

Carnaval único

“Cuando yo, ya adolescente, descubro El Almacén, es con motivo de las fiestas que se organizan por carnaval, unas fiestas divertidas, provocadoras y hasta desquiciantes que se hicieron famosas y a las que venía gente de todas partes”, explica. “No existía en toda Canarias otras fiestas como éstas, tanto en Carnaval como en fin de año. El propio Manrique las anunciaba y exigía rigurosa etiqueta de disfraz y disparate… recuerdo algunos disfraces realmente surrealistas”.
Betancort está convencido de que la propia sinergia que se creaba en torno a César, y a su manera de entender la vida, hacía que mucha gente la compartiera. “Hablo de una época en la que confluían por El Almacén gente con tanta personalidad como Pedro Almodóvar, que venía a las fiestas, o Pedro Paz y Paco Delgado, ambos encargados de los ciclos de el cine Buñuel, gente que posteriormente desarrolló sus carreras con esta base de inspiración tan fuerte”, señala. “En esos años había una gran conexión con la masa universitaria que estaba en Madrid, yo entre ellos, y también una influencia considerable”.

¿Me conoces mascarita?

 

El Almacén

 

Una de las habituales intrigas de aquellas fiestas únicas era averiguar de qué iría disfrazado César. “Siempre aparecía vestido con trajes imposibles que diseñaba él mismo y no tenían explicación posible, además, cuando ya habías averiguado quién era César, se cambiaba de ropa a mitad de la fiestas y volvía a despistar a todo el mundo. No era el único, otras muchas personalidades del momento trabajaban en sus disfraces para impactar entre los asistentes, para ser los más llamativos, los mas rocambolescos e inverosímiles. El ambiente que se creaba era único… venía gente de otras islas para disfrutar de la experiencia”.

Betancort recuerda que algo muy similar ocurría con las celebraciones de fin de año, aunque en este caso, como había cena, había que comprar entrada y la asistencia era más limitada, “pero la sensación era la misma, la diversión y  la búsqueda del surrealismo en cada detalle… no tenía nada que ver con las fiestas que se celebraban en las demás islas. Todo era innovador, rompedor… recuerdo ver en estas fiestas a Almodóvar, pero sin disfrazar, claro, y hasta a Massiel”, señala.

 El Almacén un referente cultural

 

El Almacén Pepe Betancort

 

La deriva que tomó el centro una vez lo adquirió el Cabildo, no resultó sorprendente para el escritor. “El Almacén tomó una deriva más administrativa, la gestión dio un bajón y se inició u una época con grandes claroscuros, tiempos brillantes y otros no tanto”, afirma. “Lo que conservó en todo momento es esa sensación de punto de encuentro cultural, de núcleo creativo, de referencia para muchos artistas que han venido y se han inspirado en el centro”.
“En esta nueva etapa, el compromiso es mantener el espíritu original del centro y atraer a gente nuevo, a nuevos artistas, a nuevos creadores y yo creo que vamos por buen camino”.
Betancort no descarta, incluso, que puedan llegar a recuperarse aquellas míticas fiestas que convirtieron el espacio en un lugar emblemático en toda Canarias. “Es muy posible que se recupere esa capacidad de centrar la actividad del carnaval… en general, la cultura se asocia a lo intelectual pero lo cierto es que también tiene un elemento social y transgresor, eso lo vivimos nosotros… ojalá se pueda recuperar porque forma parte de la impronta de este espacio”.