Para ti, por ser el mejor padre del mundo

“Que no papá, que no. Deja al niño tranquilo, es otra generación, ¿cómo va a jugar él con las mismas cosas que juegas tú? Claro… en tu época no existían los móviles. Bueno… Un beso… no se te ocurra comer eso que tiene mucha sal… y camina, que es bueno para tu salud…”. Nada más colgar sintió un regusto amargo en la comisura de los labios. Se hacen mayores, pensó. Y un bofetón de melancolía se le vino encima. Él, su padre, que había sido tan grande, tan fuerte, tan inteligente y tan trabajador, se veía ahora delgado, pequeño y casi débil. Aquel hombretón que habría removido cielo y tierra por ella y por sus hermanos, que nunca le tuvo miedo al trabajo duro y al que nunca escuchó una queja. Ahora era el abuelo, y, ella lo sabía, a veces sentía que estorbaba porque caminaba despacio y le dolían los huesos a menudo… no podía ir al mismo ritmo que sus hijos y sus nietos. Algo lógico que, no obstante, ellos con muy poca delicadeza, casi siempre sin querer, le echaban en cara. “Papá, quita de en medio. Papá que tú no puedes hacer eso, ya lo hacemos nosotros. Papá que tú no puedes comer eso, tómate el puré sin sal que te he preparado”. Y él, obediente, se lo tomaba, tratando de que ellos no notaran sus muecas faciales porque aquello no le sabía a nada. Se nos olvida, pensó, que se hacen mayores y necesitan más cariño, más dedicación, más mimos… que se convierten otra vez en niños y quieren que se les escuche como ellos nos escucharon en su día. En ese momento, mientras abría y cerraba páginas en las redes sociales, vio la propuesta gastronómica del Monumento del Campesino con motivo del Día del Padre y recordó todas las veces que él los había llevado allí, y les había contado el porqué de aquel monumento de César Manrique que homenajeaba a los campesinos y a los agricultores, a los sacrificados hombres que trabajaban de sol a sol aquellas agrestes tierras de la isla. Tecleó rápido unas cuantas palabras en el grupo de whatsapp que compartía con sus hermanos. No le llevó demasiado convencerlos. Hizo lo mismo con su marido y levantó el teléfono fijo de inmediato, su padre no era de móviles. “Papá, mañana ponte guapo tempranito que te vamos a llevar de excursión al campo y luego habrá una sorpresita, por ejemplo unas entradas para el próximo concierto en Lanzarote de Alberto Cortés… ¿Te apetece?”. “Una excursión, un concierto… ¿Para mí?”, preguntó el buen hombre sorprendido. “Claro papá, ¿para quién si no?”.

Propuestas

El menú del Día del Padre, que se podrán degustar los días 18 y 19 de marzo, tiene un coste de 26 euros y consta de platos tan deliciosos como croquetas de conejo, corvina marinada, pámpano con chips de morena o cabrito confitado entre otras muchas delicias. (Ver menú)

Además  se ha programado una serie de propuestas muy especiales para disfrutare en familia el domingo 18  como un taller para hacer pellas de gofio o el lunes 19 para hacer salsas canarias.

 

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