Dulces Bestias Festival de Danza Jameos del Agua

Dulces Bestias abre el Festival de danza de Jameos del Agua

El Auditorio de Jameos del Agua acoge el próximo 20 de abril, dentro del Festival de Danza que lleva su nombre,  una propuesta muy especial, ‘Dulces Bestias’, una obra que ha sido galardonada con cinco Premios Réplica de las Artes Escénicas de Canarias en 2018, y que se ha catalogado como el mejor espectáculo del año según estos premios.

Esta propuesta escénica une en un mismo espectáculo el talento del director y coreógrafo, Roberto Torres, con la música del lanzaroteño Samuel Aguilar, la creatividad de Yaiza Pinillos, responsable del vestuario, la iluminación de Grace Morales y talento de las propias bestias, es decir de los bailarines Paula Quintana, Daniel Morales y Paloma Hurtado. Este ‘totum revolutum’ de talento, desarrollado en un escenario como el de Jameos del Agua, sólo puede convertirse en arte salpicado de no pocas dosis de magia y simbolismo.

La propuesta viene de la mano de la compañía que puso en marcha el propio Roberto Torres, ‘Nómada’ en el año 2000 y que, después de funcionar durante muchos años como tal, se paralizó por la crisis y se conforma, una y otra vez, para dar vida a grandes proyectos como éste.

 

Animales frente a humanos

‘Dulces Bestias’ es una propuesta muy reflexiva que trata de analizar la animalidad de los seres humanos, su herencia y su peso sobre nosotros. “Siempre me ha fascinado el mundo animal, eso no es nuevo. De hecho, empecé a estudiar veterinaria, he competido como jinete durante muchos años, he hecho muchos viaje a África durante los últimos años… me encantan los animales y además me intriga muchísimo la relación que tiene el hombre con la naturaleza. No hay más que vernos… los horóscopos, las jerarquías, hasta nuestro propio lenguaje en el que nos comparamos con leones, con zorros, ovejas o con las mismas hormigas. La naturaleza forma parte de nosotros hasta un punto que ni siquiera tenemos claro”.

 

“Los hombres siempre hemos soñado con volar como los pájaros, correr como los galgos, hablamos de hombres trabajadores como hormigas o vagos como cigarras… Sin embargo, cuando el ser humano se hace ‘poseedor’ de la naturaleza, de alguna manera, desaparece, pierde parte de su humanidad que sólo recupera cuando se integra en ella como un animal más y eso es algo dramático”, señala Torres. “En cualquier caso, no trato de hablar de un único tema. Son muchas cosas las que propone la obra y cada espectador las va a interpretar de una manera diferente. Yo cuento una historia en la que tres animales son los protagonistas, un ciervo, un pez y un búho, y a partir de ahí surge una relación entre ellos… empiezan siendo animales y, poco a poco, se van despojando de sus pieles, de sus trajes de animal y se van transformando en hombres… pero siguen siendo animales, después de todo. Intentamos contar como cada uno recibe la llamada de su animal. Hay romanticismo, violencia, sensualidad… como en la vida”.

 

Muchos protagonistas para una obra bien integrada

En ‘Dulces Bestias’ la música de Samuel Aguilar es un protagonista más, te va guiando por la historia, te remueve y te lleva a diferentes lugares. “La música te lleva a secuencias violentas o momentos de vulnerabilidad extrema, es tan importante como el vestuario de Yaiza o la iluminación de Grace… cada faceta forma parte de la historia final que tratamos de contar”, señala. “Y, por supuesto, los bailarines que son extraordinarios y muy generosos. Todos los premios que hemos recibido se deben a la genialidad y a la entrega de todos ellos. Cuento con un equipo de creadores que consigue transmitir al espectador todo tipo de emociones”.

Porque no todo el mundo sale de ver esta obra con las mismas impresiones. “Algunas personas han llegado a conclusiones reflexivas, otros sólo han disfrutado de la estética, de la música, de la visualidad y la simbología… no todos entienden lo mismo, y nosotros tampoco lo pretendemos. Buscamos que a la gente le aporte algo, que le remueva por dentro, que le haga sentir emociones”, afirma Torres. “Por fortuna, el lenguaje de la danza es universal y puede transmitir sin más ayudas todo tipo de sentimientos, al margen de nuestras pretensiones. La danza habla por sí misma”.

En esta jungla animal, el escenario es otro personaje más. “El Auditorio de Jameos del Agua es único, no puede pasar inadvertido nunca. Yo ya he bailado allí, hace mucho tiempo y creo que es un espacio escénico con una fuerza increíble”, explica. “Yo sabía que la fuerza de Jameos iba a aportar su propia magia, sacando al espectador de la realidad y a los propios bailarines. Estoy convencido que el espectáculo del próximo 20 de abril va a ser único”.


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