Dailo Allí en el Almacén
Por: Mar Arias De: 05/09/2018 En: Bar El Almacén

El jefe de comunicación externa de Unicef asegura que el potencial del Almacén debe revertirse en mejorar y potenciar el pensamiento y la actividad artística de Lanzarote.

Hablar de Dailo Allí es hablar de comunicación, de realidad social, de inquietudes porque este joven lanzaroteño lleva más de veinte años tomándole el pulso de cerca a todo lo que ocurre en el mundo. En la actualidad, es jefe de comunicación externa para campañas globales y aliados corporativos del Fondo de la ONU para la infancia, y se encuentra en la sede de la ONU en Ginebra. Sin embargo, a pesar de la lejanía, lleva a gala su conexión con la isla y mantiene, conoce sus problemas y necesidades y sigue la pista a todo lo que ocurre en Lanzarote.

También su memoria se mantiene viva. De hecho, para Dailo Allí sus recuerdos de infancia están directamente relacionados con La Recova, o cuando, con tres o cuatro años, acudía con su padre a comprar fruta y pescado. Imágenes nítidas y costumbristas. “Siempre recuerdo comiendo la pota que me regalaban los vendedores de La Recova que me encantaba”, bromea. “Sin embargo, los recuerdos relacionados con El Almacén están asociados a mi tío Andrés, que es escultor y siempre tuvo mucho contacto con esa parte de la vanguardia artística y para mí, y para toda mi familia, ha sido referencia cultural”, explica. “También están las fiestas de carnaval, claro, pero lo cierto es que, en este caso, mis mayores recuerdos son de adolescente. Recuerdo a José María de Oncina, el vaivén de gente, los disfraces y la originalidad de las fiestas que allí se organizaban”.

Bar El Almacén salón

 

Recuerdos profesionales en Lanzarote

Algo más tarde, las imágenes que se mantienen nítidas en su memoria en relación con El Almacén, su cine, su cafetería y su sala de exposiciones, tienen un carácter más profesional. “Cuando trabajaba en el Centro de Datos del Cabildo insular, El Almacén era el lugar donde nos reuníamos después del trabajo a tomar cervezas y a charlar de los temas relevantes del día”, cuenta. “Recuerdo especialmente ir a las conferencias y a las charlas que se celebraban allí sobre la contención del crecimiento, los planes insulares, la ecotasa… en aquellos años existía una enorme inquietud intelectual por cuestionarse el modelo de crecimiento necesario para la isla, y todo ese debate pasaba de manera oficial, y también extraoficial por El Almacén en forma de charlas, conferencias pero, ya digo, que también en forma de cervezas esporádicas con colegas que intervenían, de manera directa o indirecta, en la creación de aquellos documentos”.

 

Generador de pensamiento

Una vez más, El Almacén se convertía para Allí en el corazón, el motor, de lo que ocurría en la isla y era parte de su evolución y desarrollo intelectual. “Para mí aquellos eran momentos históricos y creo que se debería retomar este debate y que, El Almacén, debe formar parte de este debate como generador de discusiones, como punto de encuentro. El Almacén debe ser el lugar en el que se muestren el arte y el talento local, el lugar dónde se muestre todo el talento que hay en la isla, pero también en el que se traiga lo que ocurre fuera para ayudarnos a entender la complejidad del mundo en el que vivimos”, asegura. “El mundo, y las ideas, evolucionan de una manera vertiginosa y no podemos permitirnos el estar ajenos, debemos saber qué ocurre.  Creo que El Almacén, y sus gestores, deben ser la puerta de entrada a todo eso”.

Pepe Betancort

 

En esta época de los fake news y la desinformación, recuerda esos tiempos en los que “parecía que todo lo que se escuchaba, veía o aprendía en un lugar tan emblemático como El Almacén, debía de ser cierto”, asegura, explicando de alguna manera que el aura intelectual del que lo había vestido Manrique perduraba en el tiempo.

 

 El Almacén, motor cultural

Allí no oculta su temor por el momento cultural actual. “Me preocupa mucho el cierre de lugares como Espacio Dörffi que nacieron con la vocación de ayudar al talento local a exponer su obra artística y, también, traer a la isla lo que se está cocinando en otros lugares, más allá de la agenda oficial, una cultura más alternativa”, señala, recordando lo preocupante que ese tipo de lugares se ‘asfixie’ por falta de apoyos, máxime en una isla tan inquieta culturalmente como Lanzarote. “Creo que la isla no puede quedar alejada de la vorágine cultural. Es El Almacén el lugar llamado a volver a ser lo que fue para la cultura, para las vanguardias porque los espacios públicos que deberían ocuparse de este tipo de inquietudes no han corrido a la velocidad del propio arte. Y, como digo, los espacios privados no han podido aguantar las exigencias económicas propias de un sitio así. El acceso a las ideas, al arte y a la cultura, debe ser prioritario”.

 

Carlos Matallana

 

Todas las ciudades necesitan, asegura Dailo, un lugar como El Almacén. “Necesitamos lugares que aporten un valor añadido, que se pueden visitar para conocer el arte local, lo que ‘se cuece’ en la isla, ese fomento de la cultural local se debe potenciar mucho, todo lo que apoye este tipo de iniciativas me parece un acierto”, asegura. “Es preciso conectar la cultura con la gente, un lugar abierto, accesible… es algo bueno para la población y el talento local, pero también muy bueno para la cultura insular. Si todo se hace como se debe, creo que El Almacén puede dar unos frutos estupendos y muy necesarios para la isla y su sociedad”.

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