Jesús Soto Hombre del Cosmos
Por: M.J. Tabar De: 20/01/2018 En: Jameos del Agua, Lanzarote

JESÚS SOTO EL CREADOR

En 1990, la sonda espacial Voyager y el astrofísico Carl Sagan nos hicieron ver que la Tierra es un pálido punto azul, de talla microbiana, que gira en un universo en expansión. Unas décadas antes, en ese mismo planeta, en una isla brotada del océano Atlántico, un hombre llamado Jesús Soto también buscó y encontró contexto.

Recientemente la Casa de los Volcanes de Jameos del Agua acoge una exposición permanente dedicada a él, a Jesús Soto, al maestro artístico que dirigió la construcción de este espacio, concebido en sus orígenes como un centro de divulgación científica internacional.

La colección de minerales de este artista, electricista e inventor autodidacta flota en medio de una galaxia imaginada por el colectivo CNFSN a base de formas primigenias. El mural que han desarrollado los artistas Tono Márquez y Felo Monzón vertebra toda la muestra, dibujando retratos de Soto y las geometrías que lo edificaron como persona y como profesional: triángulos magmáticos, conos truncados y ecuaciones resueltas en el campo conejero.

Jesús Soto Exposición permanente en Jameos del Agua

La exposición, comisariada por el escritor Félix Hormiga, quiere condensar la esencia de un hombre que jugó un papel primordial en la creación de los Centros de Arte Cultura y Turismo de Lanzarote, una red de espacios que Soto concibió con una máxima: “Ciencia como verdad, arte como belleza, naturaleza como unidad”.

Suya fue la idea de exhibir el vapor de agua que genera el calor de la tierra en Timanfaya y la solución para ubicar el restaurante El Diablo sobre un terreno que alcanza los 500 ºC. En la exposición de la Casa de los Volcanes pueden verse por primera vez diez cuadros pintados por Soto: vistas aéreas de explosiones volcánicas. Algunos son de su serie Quimiosíntesis: la obtención de materia orgánica a partir de materia inorgánica; esa magia de la vida que fascinaba a Soto.

Dos jolateros, barquitos fabricados con bidones de combustible, recuerdan una anécdota que dice mucho del carácter silencioso pero amoroso de Soto. Cuando era niño decidió construir un barquillo de latón para que su abuela, nacida en Fuerteventura y sumida en la nostalgia, pudiera visitar la isla vecina.

Una serie de fotografías en blanco y negro retratan al Jesús Soto explorador y pensador, con la sombrera calada en las canteras de Guatiza (“parece Egipto”, dice una de las visitantes de la exposición), con un pie metido en la laguna de los cangrejos ciegos, observando volcanes, contemplando y midiendo el mundo entre tabaibas.

La exposición termina en un pasillo forrado con salientes triangulares: un túnel que evoca a la Cueva de los Verdes, puede que la obra más delicada y extraordinaria de Soto, con una iluminación al servicio de la geología y un sendero de mínimo impacto paisajístico.

Hoy está apagado, pero el espectador debe disfrutar aquí de un vídeo dedicado a Jesús Soto mientras suena Génesis, una composición del músico lanzaroteño Nino Díaz, que también le rinde homenaje.

Soto también adecuó el Jameo Chico de Jameos del Agua, su entrada y el descenso hasta la laguna, también el sendero que la rodea.

Manrique fue la fuerza mediática, el ideólogo, el artista. Soto fue el que convirtió los bocetos en realidades, el incansable, el que valoraba las críticas bien formuladas, el que captaba la belleza desde el conocimiento científico.

Aprovechando su feliz anonimato, solía sentarse en la entrada de la Cueva de los Verdes para poder escuchar los comentarios de los primeros visitantes.

Empezó reparando las averías eléctricas que tenían las emisoras de los barcos de la isla y terminó siendo un hombre fundamental para comprender el paisaje y el significado de Lanzarote. Dejó de existir un 4 de mayo de 2003, pero “su estela dejada en la isla jamás desaparecerá”.