01May
Jinetes de Jason deCaires
Por: Jubal Hernandez De: 01/05/2017 En: #CACTLanzarote, Lanzarote, MIAC Castillo San José Comentarios: 0

 

Algunos asoman atrevidos sus hocicos, como retando a quién se atreva a poner en duda sus intenciones, otros ocultan la cabeza bajo el agua, bajo ese mar que corrió el riesgo de ser transformado en plataforma petrolífera. Los equinos que pastan frente al Castillo de San José lo saben. Fueron valientes y formaron parte de la masiva manifestación en contra del peligro medioambiental que se planteaba. Lo fueron, a su manera inmóvil y estática pero simbólica. Ellos y sus jinetes. Hace un tiempo, no demasiado, pero en el mundo marino y escultórico, el tiempo es relativo.
Ahora permanecen frente a la bahía capitalina, bajo el Castillo y dentro del mar, como recordatorio, por si a alguien más se le ocurre arriesgar lo que no es suyo. Lo que es de todos.
Además, los equinos no sólo están allí. Han llegado mucho más lejos de la mano de su creador, Jason deCaires Taylor, concretamente hasta el Támesis de Londres. Han cruzado el charco para dejar allí también su mensaje de respeto.

 

 

Jinetes bajo el Castillo  de San José Lanzarote, de Jason deCaires Taylor

Los rostros de los caballos se hacen abstractos, los espectadores que los descubren, tanto en tierras anglosajonas como en Lanzarote, se asombran al descubrir que son, o podrían ser, plataformas petrolíferas. Sus jinetes los montan con la seguridad de quién sabe lo que se hace, de quién conoce el camino que tienen por delante. Abanderan una lucha que, una vez aparentemente finalizada, necesita ser recordada. Y lo hacen sin perturbar la naturaleza marina, a su alrededor los peces se desenvuelven con normalidad. Nacen, viven, crecen y mueren. Han pasado a formar parte de su naturaleza subterránea. Parte del mar.

Es bien sabido que los seres humanos tenemos mala memoria para lo que queremos, pero hay cosas que no se deben olvidar. La contaminación del mar canario es una de ellas y el arte se convierte en perfecto aliado, ya que, además de transmitir un mensaje, asombra y emociona al turista que, sin esperarlo, descubre animales y jinetes de piedra bajo el mar, asomando sus rostros, dejándose admirar. “Mamá, en el agua hay caballos”, dice una niña con claro acento catalán a su progenitora. “¿Qué dices? ¿Cómo va ser eso?”, responde la madre. “Yo vi algo de eso en Internet, mamá”, señala un chico rubio que parece hermano de la pequeña visionario. Todos se asoman entre las almenas del Castillo de San José. Acaban de disfrutar de la exposición permanente del MIAC Castillo de San José y ahora lo hacen del paisaje que se divisa desde lo alto del castillo. “Es cierto, hay unos caballos de piedra en el agua”, confirman y se dicen que, al bajar, preguntarán en información qué hacen allí esos animales.
Ellos, los equinos, continúan camino de una tierra imaginaria. Diría que rumbo al paraíso, de no ser porque ya se encuentran en él.

Mar Arias  

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